Manuel Alejandro: "Escribí por encargo, pero este coronel ya no recibe cartas" | Vanity fair (España, 27 octubre 2018)



Título: Manuel Alejandro: "Escribí por encargo, pero este coronel ya no recibe cartas"
Autor
Fuente: revista Vanity fair 
Lugar y fechaEspaña, 27 octubre 2018
Linkhttps://www.revistavanityfair.es/cultura/articulos/manuel-alejandro-entrevista-rocio-jurado-raphael-luis-miguel-julio-iglesias/34313





CULTURA
MANUEL ALEJANDRO: "ESCRIBÍ POR ENCARGO Y ESTE CORONEL YA NO RECIBE CARTAS"
A sus 85 años, el letrista de Julio Iglesias, Raphael, Luis Miguel o Rocío Jurado no compone pero prepara una serie sobre su vida y un disco en el que cantará sus grandes éxitos.
POR SILVIA CRUZ LAPEÑA | 27 DE OCTUBRE DE 2018 · 09:29


"El azar manda”, dice Manuel Alejandro por escrito, coqueto y juguetón, pero sin dejar ni una palabra al albur. El jerezano habla de casualidad para explicar por qué se dedicó a componer canciones: una fractura en el codo derecho lo retiró del piano y lo lanzó a lo que él denomina, poniéndole comillas, canción ligera. Fruto de esa lesión es parte de la memoria sentimental de España y Latinoamérica y lo que le puso palabras al vozarrón de Nino Bravo, a las tribulaciones de Luis Miguel o a la metamorfosis de niña prodigio a adulta de Marisol.



A todos esos cantantes y a otros muchos los moldeó Manuel con sus palabras: “Siempre escribo las canciones pensando en el perfil del artista y, sobre todo, en cómo creo que el público lo ve. En realidad, escribo ahondando en el personaje como si fuera el protagonista de una novela y me adentro en situaciones que pueden suceder o han sucedido”. Por eso dice Raphael que más que su compositor, Manuel Alejandro es su biógrafo.


Cantante frustrado

Si se escuchan con atención sus temas, es obvio que el de Jerez ha hecho trajes a medida. No se explica de otro modo que la misma mano explique a Isabel Pantoja tan bien como a Janette, la resignación y la languidez, la tradición local y la modernidad europea. O que escriba Torero, que parece salida de la entrepierna de El Puma, pero tenga también la habilidad de ver el mundo desde una ingle femenina: “Contigo vibro /cuando despiertan tus besos / mis dos palomas dormidas”, cantaba Rocío Jurado con palabras suyas mientras se acariciaba entera sobre el escenario.

Al preguntarle cómo se le ocurrió escribir versos como esos, responde: “Metiéndome hasta el corvejón en el personaje de esa novela, de esa canción, y llegar a sentir como mujer, supongo, como perdedor o como lagarto”, dice con guasa y quitándose importancia porque para él, los protagonistas son los intérpretes. Dice que son ellos los que hacen grande un tema, y quizás tenga razón, pues él intentó lo de cantar y no le salió bien del todo. Probó en un Festival de Benidorm, donde interpretó Se muere por mí la niña con su voz grave y ronca y un timbre pendenciero que recordaba a los cantantes italianos de la época, pero no llegó ni a semifinales. Más tarde, fue Raphael quien, sin cambiarle una coma, popularizó esa letra.

Quizás le ayudó a inventar historias Radio Madrid, donde recaló en los años 50 gracias a Remedios de la Peña, catedrática del Real Conservatorio y montadora musical de las exitosas radionovelas que escribía Guillermo Sautier Casaseca. “Mi decepción fue tremenda, pues creía que tocaría al piano obras mías en cada capítulo y que alcanzaría la gloria en cuatro días, pero lo que hice fue puro ruido: abrir puertas, verter agua, simular el sonido del viento o del caballo galopando”, dice Manuel Alejandro sobre su labor creando efectos sonoros.


Jerezano por convicción

Manuel se apellida Alejandro por elección. Primero, redujo el Álvarez de su padre a una A, algo que ya hizo uno de sus antepasados, Juan Álvarez Mendizábal, el político de la desamortización y la revolución liberal. Podría haber optado por el Beigbeder que también le legó su progenitor, pero al adentrarse en el “peculiar y festivo mundillo de la canción ligera” consideró que era mejor buscarse un nombre artístico más liviano. En su elección también influyó la marca que le dejó al apellido un familiar políticamente muy marcado: “Lo aireó nuestro pariente africanista, Juan Luis Beigbeder”, dice refiriéndose al primer ministro de Exteriores de Franco.

De su infancia recuerda un Jerez lleno de vida y flamenco: “Soleares, seguiriyas y tarantos desvelaban mis madrugadas desde mi niñez en el barrio de Santiago, entonces auténticamente cuna gitana”. Asegura que todo lo que ha escrito, lo ha escrito “por jerezano” y que en esa tierra de brandy y sherry se crió junto a nueve hermanos, de los que viven cuatro. También recuerda que hasta los veinte años gozó de una casa que era “jolgorio perenne” y de las enseñanzas musicales de su padre, Germán Álvarez Beigbeder.


El franquismo y la censura

“Como maestro fue la fuente de donde bebí todo conocimiento musical porque nada nuevo descubrí en los conservatorios: le debo cualquier buena acción en mi vida y he vivido impregnado de su obra musical, tan magnífica”, dice sobre su progenitor, autor de marchas fúnebres, misas, pasodobles y director de varias bandas militares. “Pero mencionemos también a mi madre”, pide el autor, “que fue un ser principal en mi vida y a quien dediqué Esa mujercita, una canción con la que se sintió favorecida, feliz y orgullosa”.

Su padre, a quien Jerez de la Frontera le debe haber tenido el primer Conservatorio de Música, entre otras cosas, fue autor del Himno de la Armada Española, que firmó a cuatro manos con José María Pemán, a quien el Ayuntamiento de Jerez de la Frontera le está retirando todos los honores que recibió como figura destacada del franquismo.

Manuel no entra en política, pero cuando se refiere a la contienda española habla de “incivil guerra” y al preguntarle si tuvo problemas con la censura responde que no porque nunca escribió “letrillas contestatarias ni loas a ningún cabecilla” y lamenta que desperdiciaran “tantísimo tiempo en ello poetas como Neruda, Maiakovski o Alberti”. Su único choque con los guardianes de la moral lo tuvo con Marisol en un festival de la OTI, donde se presentó la malagueña en 1972 con una canción suya titulada Niña: “Me advirtieron que los trombones de la orquesta sonaban morbosamente excitantes. Yo me negué a cambiarlos y terminó haciendo el arreglo orquestal Augusto Algueró. Nunca lo entendí”.


El amor de su vida

No siempre tuvo claro que quería dedicarse a componer y recuerda arduos los siete años en los que trabajó en la capital amenizando bares de estilo americano, muy de moda en la década de los 50: “Me dediqué a entretener a la clientela tocando, ahora sí, el piano, pero a tiempo fijo”. En esa época, lo mismo se presentaba a oposiciones para dirigir una banda que se postulaba a una plaza para el conservatorio y por eso tiene la impresión de que empezó a escribir canciones un poco tarde.

El debut le llegó en un concurso: “La primera canción que terminé se tituló Alguna vez, la cantó en el Festival de Benidorm la primera estrella del país entonces, José Guardiola, que quedó en cuarto lugar y yo percibí 20.000 pesetas. ¿Qué más quería?”. No fue su única experiencia en un concurso: Raphael se presentaría a Eurovisión en 1966 con Yo soy aquel y en 1967 con Hablemos de amor, ambas de Alejandro.

Con la vocación ya encarrilada, Manuel se fue a Portugal siendo padre de tres hijos. “En 1963 ya cargaba con una separación matrimonial. Al conocer a mi actual esposa, Purificación en 1964, las circunstancias sociales me aconsejaban poner tierra de por medio”. Recordando su temporada en San Pedro de Estoril, le sale la vena romántica que ha caracterizado los temas que lo elevaron como digno sustituto del gran compositor mexicano Agustín Lara. “Allí, en un restaurante situado sobre una roca, al borde del mar, toqué y canté los bellos y sentidos fados portugueses y disfruté de una maravillosa luna de miel que aún continúa”, dice sobre la mujer con la que tuvo cuatro hijas más.

La protagonista de esa historia, como su marido, también se cambió de nombre. Optó por Ana Magdalena, como la segunda esposa de Johan Sebastian Bach, para firmar a medias la mayor parte de las canciones que llevan el sello Manuel Alejandro. Sobre si esa autoría es compartida o una simple cuestión de derechos de autor, Manuel replica: “Ana Magdalena siempre colaboró conmigo. Lo que no le podría decir con exactitud es qué corchea, interjección, punto y coma o qué maravillosa idea puso ella en cada canción. Pero eso sí, seguro que por ella lo escribí todo”.


60 años de carrera

El año que viene hará 60 que Manuel Alejandro se mete en nuestras cuitas amorosas y si ya no escribe versos nuevos no es porque no le queden fuerzas: “Siempre escribí por encargo pero este coronel ya no recibe cartas”, responde emulando el título de una novela de Gabriel García Márquez. El último disco que lleva su nombre es Reencuentro, el que sacó Raphael en 2012, y él achaca la falta de peticiones a que el mundo de la música se ha transformado de arriba a abajo. “En estos años el cambio ha sido brutal con el avance de la tecnología y aunque en ella fui pionero, también han cambiado hasta las maneras de cantar y de pronunciar nuestro idioma. Y mis letras necesitan de rigor, de tradición”.

Lo que le da alegría es ver que sus canciones siguen vivas y como está al día de todo, no hace falta ni informarle de que los más jóvenes conocieron su Procuro olvidarte por boca de Aitana en la edición de Operación Triunfo de 2017. “Eso sucede mucho más frecuentemente en América con mis canciones, donde hasta me invitan a formar parte de los jurados de ese tipo de programas. Hace unos días oí en Internet cantando Soy rebelde a Amaia Romero, muy bien por cierto”, dice alguien que defiende los talent shows porque considera son necesarios para los jóvenes.


Entre Madrid y Andalucía

Manuel Alejandro recibió en 2014 la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, pero por lo que cuenta, parece sentirse más reconocido al otro lado del charco que en España aunque hace un tiempo que no pisa Miami, donde fue el primer español, junto a Julio Iglesias, en formar parte del Salón de la Fama Latino. “Lo hice por temporadas largas cuando me obligaban las producciones musicales, como las de El Puma o Plácido Domingo. Pero no es un lugar aconsejable para espíritus como el mío que necesitan rincones de solera, ateneos, prados, catedrales… ¡Y papas bravas!”.

Ahora vive entre el Sur y Madrid y aunque no componga, a sus 85 años tampoco se aburre. Se encuentra escribiendo, junto a su hija Alejandra, un libreto para una comedia musical con sus canciones mientras recopila información para una serie televisiva que se prepara en México sobre su vida. Otro proyecto que lo mantiene ocupado es la selección y los arreglos de cuarenta temas de su repertorio que piensa grabar acompañándose él mismo al piano.


Golpes en el hígado

Sobre la gente con la que ha trabajado, Manuel Alejandro sólo tiene buenas palabras. De Iglesias siempre destaca lo fácil que lo hacía todo y la confianza que tenía en él como cantante, mientras que de la Jurado resalta su humanidad. “Rocío siempre aceptaba lo que le proponía. Incluso aquella letra que narraba una masturbación en plena playa, Amores a solas. Pero es que todo depende de cómo y de qué formas se digan las cosas”.

Para narrar a la de Chipiona, Alejandro siempre fue metafórico y cristalino y cuando escucha que hay mujeres que ven en esas canciones un grito de libertad feminista, quizás aislado, pero grito al fin y al cabo, a él no le extraña. “Me enorgullece y para eso escribo canciones, para que acompañen situaciones complejas. Por eso, un día me gustaría oír a una mujer cantarle o gritarle en directo, en plena faena, a su pareja: ‘Es un gran necio, un estúpido, engreído, egoísta y capricho…’, que también escribí para Rocío”.

Pero que nadie se engañe, no es Manuel Alejandro el que habla en esas letras. Por eso, tras escuchar Lo siento, mi amor y ver a la Jurado convertida en una mujer que habla de sexo como si España fuera abierta, hay que pinchar Lo mejor de tu vida, de Iglesias, para comprobar que el de Jerez ha acariciado y vapuleado a hombres y mujeres casi por igual. ¿O no es “Tu inocencia salvaje me la he bebido yo” un golpe en el hígado equiparable al “Hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo”?


La SGAE, la Rueda y unas peteneras

Manuel Alejandro es miembro de la Sociedad General de Autores de España (SGAE) sobre la que se expresa más extensamente que con cualquier tema. “Ni Bautista, ni Sastrón, ni Ramoncín, ni la madre que los parió se llevaron nunca un puto duro”, asevera contundente y explica que nunca entró en la Rueda, maquinaria orquestada para recaudar más emitiendo canciones por televisión (lo que más deja a la SGAE) con pequeñas modificaciones para registrarlas, y cobrarlas, como si fueran creaciones nuevas.

A él se lo propusieron varias veces pero nunca entró: “Porque les pedía cantidades anticipadas de lo que generara lo que les escribiera, típico de Manuel Alejandro, pero si no, hubiese estado hasta el final y con la cabeza bien alta”. Le subleva que se busquen atajos para no pagar a los autores y en la entrevista destaca la labor del actual presidente, José Miguel Fernández Sastrón, en Europa para intentar que se le abone a los creadores lo que les corresponde. “Todo lo demás”, asegura, “son peleas de patios vecinales”.

Sobre sus royalties, el hombre que tiene más de 500 canciones registradas, dijo en una ocasión: “Yo ganaba más dinero en los años sesenta con Raphael del que pudieran ganar los Beatles”. Al recordársela, recurre a la guasa: “Si eso salió de mi boca es que aquel día me pasé tela con el jerez fino que tanto me gusta”.

La última vez que se dejó ver en un acto público fue en el homenaje que le hizo la Universidad Complutense en 2017, no se presta a las fotos y apenas ha dado entrevistas. En esta, sólo hubo un asunto con el que no se mojó: ¿Quién interpretó mejor Como yo te amo? Y es ahí, en ese brete, donde este jerezano del barrio de Santiago, el de José Mercé, La Macanita o Luis de la Pica, recurre a su nervio flamenco para irse por peteneras: “Mi querido Raphael, que tanto amó y admira a Rocío, no me perdonaría que lo eligiera a él”.


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